jueves, 12 de noviembre de 2009

viernes, 23 de octubre de 2009

viernes, 22 de mayo de 2009

Carta al más allá.

Hoy mirando una foto no tan vieja sentí un vacio enorme, algo que nunca había sentido así. Todavía no tengo una explicación exacta, pero sé que me acerco mucho a lo que es. Aunque sea absurdo y casi imposible de creer mi mejor amigo fue un gato. Lo tube desde octubre del año pasado cuando nació el día 1ro de ese mes. Lo llamé Silver, le di mi amor y él me correspondió. Ese gato era muy raro, te hablaba con la mirada, no maullaba como un gato normal, simplemente te miraba con esos ojos amarillos y te dabas cuenta si tenía hambre, sed, ganas de jugar o nada más ganas de dormir. Extraño eso. Todos los días cuando volvía del colegio, subía a mi cuarto y lo primero que hacía era abrir la ventana para que Silver subiera y se acostara en mi cama cuando mi mamá no se daba cuenta (a ella no le gustan para nada los gatos), el tonto jugaba con los flecos del acolchado y se escondía debajo de la cama cuando alguno se movía. Ahora me doy cuenta del significado de la frace "La clave para no sufrir es no amar nada, ni a nadie." Es imposible, no se puede no amar algo tan puro y tan compañero, alguien tan inocente e incrédulo. Desde el primer día dije que lo iba a tratar como una mascota más, no pude cumplir eso, fallé, lo amé. Suena estúpido, irreal, pero quien de verdad se entrega a un ser así, comprende lo que digo. Ellos te entregan su corazón a cambio nada más del cariño que les puedas dar, mucho o poco, ellos siempre estarán. Y aveces me pregunto por qué confiar en las personas, sirven nada más para hacer sufrir, maltratan a los que más quieren, los dejan y después los olvidan. Patrañas, eso no es amor. Ese gato era más que un simple gato, era un compañero, un verdadero amigo. Estuvo cuando lloré, cuando reí y hasta cuando me enojé, que cosa loca cuando uno pierde lo que no espera perder. Se va, así como vino, de un segundo para otro, te cega y te hace preguntarte cosas estúpidas que ya sabés la respuesta pero no la querés comprender. Te resignas. El domingo 17 a la 2 y unos pocos minutos Silver murió y me dejó un dolor enorme en el pecho que todavía no logro sacar. Pensar que ese mismo dia a las 12 y minutos estaba acostada en el jardin de mi casa acariciandole la panza y sintiendo ese ronroneo que sin decirlo me estaba agradeciendo, pobre incrédula de mí. Nunca lo ví venir. Tal vez fue en vano llorar todo el domingo y todo el lunes pero, por algún motivo siento que fue un agradecimiento de mí hacia él por darme un poco de felicidad durante un corto tiempo, sufrí tanto antes de que él llegara que lo sentí como siglos. No se si existe el cielo, o el infierno, o algún lugar después del después, pero lo que sé es que donde yo vaya, quiero que él me espere para sentir su ronrroeo y su corazón latir serca de mí otra vez.

viernes, 15 de mayo de 2009